Crónica Estoica.
Divulgación sobre filosofía estoica y su práctica para el siglo XXI
La mayoría de nosotros aprendió a buscar pareja antes de aprender a relacionarse. Crecimos con la idea de que el amor llega y resuelve lo que nos falta: compañía, validación, estabilidad emocional o sentido de pertenencia.
Entonces surge el conflicto: queremos amor, pero no sabemos sostenerlo. Queremos cercanía, pero tememos la vulnerabilidad. Deseamos compromiso, pero también tememos perder libertad.
La pregunta incómoda, pero necesaria, y que pocos se atreven a hacerse es “¿me estoy convirtiendo en la persona que deseo para una relación?»
¿ME ESTOY CONVIRTIENDO EN LA PERSONA QUE DESEO PARA UNA RELACIÓN?
Hace rato que le llevo dando vueltas a un tema. Y es sobre la paradoja que viven muchas relaciones actuales: nunca fue tan fácil conocer gente y nunca fue tan difícil mantener vínculos profundos.
Aunque esta sea solo mi interpretación de la realidad, lo cierto es que percibo que hay determinados factores que influyen negativamente a la hora de construir una relación con un compañero/a:
- Exceso de opciones y miedo a elegir “mal”.
- Cultura de inmediatez: queremos soluciones rápidas a problemas emocionales complejos.
- Comparación constante con parejas idealizadas en redes sociales.
- Ritmos de vida que generan estrés y poca disponibilidad emocional.
Quizá, lo más peligroso desde mi punto de vista, es que me encuentro con una juventud que le gusta consumir programas de televisión que fomentan la promiscuidad, actitudes hedonistas y muy dados al postureo barato. Si eres español y conocer Telecinco sabrás muy bien de qué programas hablo y no deseo promocionar sus nombres en el blog.
Vísita este artículo: La atención plena
¿QUÉ DECÍAN LOS ANTIGUOS SOBRE LAS RELACIONES?
Aunque solemos asociar el estoicismo con grandes emperadores o maestros antiguos, pensadores menos citados como Musonio Rufo o Hierocles aportaron ideas especialmente útiles para la vida cotidiana y las relaciones.
Musonio Rufo, sostenía que el matrimonio debía basarse en respeto mutuo y cooperación, no solo en deseo o conveniencia social. Para él, una relación sana exigía carácter y disciplina emocional.
El enfoque estoico propone una serie de premisas que pocas veces nos gusta recordar:
- No puedes controlar que alguien te ame.
- No puedes controlar si alguien se queda.
- No puedes controlar cómo actuará esa persona en un futuro.
Los estoicos entendían que amar implica aceptar vulnerabilidad, pero sin perder dignidad ni serenidad.
La pregunta clave no es «¿merezco ser amado?¿Me querrán en un futuro?¿Encontraré a esa persona?», sino más bien:
¿Estoy dedicándome plenamente a cultivarme como persona a día de hoy?
Con ello no me refiero a ser una persona perfecta para ser apta. Me refiero a si estás poniendo de tu parte para ser un ejemplo de aquello de lo que tú mismo te sientas orgulloso/a:
- ¿Cómo cuidas tu cuerpo?
- ¿Cómo observas tus propios juicios?
- ¿Cultivas y nutres tu alma, o eres un ser autómata que vive por y para responder como una rata?
Una persona que se encarga de entrenarse disciplinadamente y que alberga el deseo de ser lo que busca en una relación no piensa: «Voy a hacer esto para merecer amor en el futuro». Piensa: «Me convertiré en una causa en sí misma»

EL EJEMPLO QUE TE HARÁ ENTENDERLO TODO
Un día, mientras entrenaba en un parque de calistenia, se me acercó un hombre que andaba por ahí y me soltó:
- Si quieres piernas más bonitas, cambia ese ejercicio por unas buenas zancadas.
Sin duda, me malinterpretó, y con una sonrisa y mucha educación le dije:
- Yo no entreno para tener piernas bonitas, entreno para ser más fuerte.
Lo que quería decir, sin entrar en más detalles con ese hombre, era que mi objetivo al entrenar no es tener un cuerpazo, aunque eso me importe. Claro que quiero verme con cuerpazo, pero no me vale verme bien sin estar fuerte, flexible y con un cuerpo funcional en mi vida. La belleza vendrá sola por el mero hecho de ejercitarme, no porque sea mi propósito al hacerlo.
- Entreno porque me expongo al dolor y a la incomodidad.
- Entreno porque me da disciplina.
- Entreno porque quiero ser físicamente funcional.
En el amor pasa lo mismo. No nos cultivamos a nosotros para merecer nada, de hecho nos desapegamos de cualquier resultado, nos cultivamos para ser un ejemplo y vivir dignamente. Y puede, y solo «puede», que algún día, gracias a ese trabajo de carácter, atraiga a esa persona desde el lugar que debe ser: desde el amor y no desde la necesidad ciega.
¿Quieres un ángel? Pues conviértete en uno porque los ángeles no viven en el infierno.
PRINCIPIOS ESTOICOS QUE PUEDEN AYUDARTE
- Aceptar lo que no depende de ti
No puedes controlar lo que hace la otra persona, ni si alguien te amará, pero sí en lo que decidas convertirte hoy.
- Responsabilidad de lo propio
Elijas lo que elijas, recuerda que somos responsables de nuestros actos. Aprende de ellos o estarás condenado a repetirlo.
- Enfócate en la acción virtuosa
La filosofía estoica enseña que el valor ético de nuestras decisiones (como ser respetuoso, honesto y paciente) tiene más importancia que conseguir un resultado específico.
- Vigila tus expectativas
Pueden darte una visión equivocada de lo que esperas.
- Comunicación desde la serenidad
Analiza el cómo te hablas a ti mismo, qué palabras decides creerte, porque eso determinará el cómo te trates a ti y a otros.
CONCLUSIÓN
Convertirse en la persona que deseo en una relación no significa volverse perfecto ni depender de la aprobación de otro. Significa hacerse responsable de uno mismo, de las propias emociones, elecciones y acciones. Significa entrenar el carácter y la serenidad, incluso cuando nadie lo reconoce ni recompensa.

Deja una respuesta