Crónica Estoica.
Divulgación sobre filosofía estoica y su práctica para el siglo XXI
CÓMO AFRONTAR LA MUERTE: UNA LECCIÓN DE SÓCRATES
Esta mañana he tomado un café en un lugar perdido de la isla mientras pensaba cómo iba a hablarte sobre este tema.
Ya sabes, sobre la muerte.
No es un tema agradable para la mayoría y muchos lo tienen como un tabú (algunos más miedosos ni la nombran).
Pero en mi opinión no solicitada, merece ser tratada.
Y sin pretender darle frivolidad al asunto…
Escucha.
Hubo un hombre que la afrontó de manera admirable. Imagina una celda fría con olor a humedad y apenas unos rayos de luz. No suena muy deseable.
Bien.
Pues en esa celda se encontraba uno de los hombres que marcaría un punto de inflexión en la historia, y al que muchos consideraron como «lo más cerca del ideal del sabio estoico».
Sócrates.
Desgraciadamente, no estaba ahí por casualidad.
¿Has oído el refrán que dice: muerto el perro se acabó la rabia?
Pues es lo que suele ocurrir en una sociedad que castiga lo que vaya en contra de sus creencias. Cuando el miedo nubla el juicio, y ante la gran influencia contraria es mejor erradicarla.
Ojo, Sócrates no era un rebelde.
Era un filósofo. Y como tal, era un ejemplo.
Se le condenó injustamente por dos cosas:
Uno.
Por «corromper» la mente de los jóvenes. Enseñaba a cuestionar todo: a las leyes, a las tradiciones, a los padres…
Y eso para cualquier sociedad se ve como peligroso. Atenas lo vio como una semilla de rebelión.
Dos.
Por no creer en los dioses de la ciudad. Hablaba de una voz interior que lo guiaba, y eso lo percibieron como traición a la patria.
Muy heavy, ¿verdad?

Pues aquí viene lo fuerte.
Sócrates tuvo la oportunidad de huir gracias a su amigo Critón pero… no lo hizo.
Escogió la muerte antes que traicionarse a sí mismo y actuar con injusticia.
-Sócrates, he sobornado a los guardias, un barco espera para llevarte a Tesalia. Puedes vivir, amigo mío.
–Mi querido Critón ¿debemos actuar basándonos en lo que dirá la gente, o en lo que es correcto?
– ¡Pero la gente pensará que tus amigos fuimos tacaños y no quisimos salvarte!¡Piensa en tus hijos!
-¿Acaso no hemos repetido mil veces que nunca se debe devolver una injusticia con otra? Si huyo ahora, estaría rompiendo el contrato que tengo con las leyes de mi ciudad. Estaría diciendo que las leyes solo importan cuando me convienen.
—¡Pero las leyes te han condenado injustamente!
—El error de los hombres no anula la Verdad, Critón. Si traiciono mis principios por unos años más de vida en el extranjero, ¿qué me quedaría? Sería un cuerpo vivo con un alma muerta. No temo a la cicuta; temo a vivir una vida que no sea digna de ser vivida.
Qué podemos aprender de su muerte.
Mira.
Sócrates no alcanzó esa serenidad por accidente.
Fue el resultado de una vida de examen diario. Nos enseñó que de nada sirve vivir si no es bajo una vida coherente.
Nadie sabe tampoco qué hay después de la muerte y temerla es una forma de «falsa sabiduría». En cambio, hacer algo injusto es un mal comprobado.
Y con respecto a la libertad… la libertad no es estar donde quieres, sino ser quien quieres ser bajo cualquier circunstancia.
La pregunta es:
¿Estás entrenando para vivir o estás esperando a que llegue tu «cicuta» sin más?
No sé tú, pero yo aplico mi Diario estoico.
No necesitas esperar a una condena a muerte para examinar tu vida. Puedes empezar mañana mismo, con un café, igual que yo esta mañana.
Lo he diseñado para ti, y es gratis (no por ello menos valioso).
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